La banda sonora de mi vida.
La he descubierto.
O mejor aún, ella me ha descubierto a mí.
Se ha acomodado en mis circunstancias y me ha abrazado.
Cuando descubrí la música. Cuando supe que se podía sentir todo sólo escuchando. Cuando vi con los ojos cerrados y sentí en los oídos, supe que tendría apoyo incondicional toda mi vida. Y sabía que no le haría falta declararse, para quedarme quieta. Y caminar a su lado.
Hoy, siento cómo unas notas se acomodan a mi vida como si me sumergiese en agua y tuviese que acogerme. Porque aunque no me debe nada, yo siempre me he sentido en deuda. Y me abrazó.
Me habla. Me ha contado cosas que no quiero escuchar. Me ha sentido suya y yo la he hecho mía.
Es increíble como un par de minutos es capaz de contarte lo que bocas vacías me han charlado en horas.
Me habla del ahora y me agarra fuerte para enseñarme el mañana.
Me habla de lo que fue ayer y por eso hoy. Y me enseña a ser. Porque fuerte no se nace.
Me habla de cosas que no veo, de cosas que no ven y, posiblemente, sólo yo sienta. Me habla de escuchar con los ojos cerrados, de mirar más allá y de no quedarme. Porque la vida no espera por nadie. Es ley de vida.
Me cuenta las heridas y las clasifica para guardarlas. Para olvidarlas.
Porque las heridas cerradas ya no cuentan y las abiertas no sirven para nada.
Sabe más de lo que creía y quizás, por eso la conexión. Por eso, quizás, supo agarrarse a mi cuello y me dejó en nudo. Por eso, quizás, supo que era para mí y que de tripas corazón iba a hacerme suya.
Me habla de estar. Me habla de seguir de pie. De que tirar la toalla sólo es para después de la ducha y que la vida pasa y todo llega. Que el esfuerzo se palpa. Pero que no me confíe. Nunca fueron buenas las confianzas. Ni siquiera con uno mismo.
Me habla de todo aquello que no escucho. De todo aquello que va por dentro, porque la procesión acompaña. Porque más vale una sonrisa. Porque la vida es cruda. Porque nosotros somos los encargados de nosotros mismos y esperar, siempre fue de perdedores. De tiempo.
Y sabe que la escucho. Porque va en bucle y se repite.
Me habla de que esto no es todo, pero que si lo quiero voy a sudar, voy a dejar de ser y voy a recomponerme. Voy a romper, a no estar, a perder y ver ganar. Voy a correr, voy a caer, voy. Porque lo fácil, está ahí y allí, pero nunca fue lo mío.
Y sabe que lo haré.
Por eso, ahora me habla.
Yo, cierro los ojos y miro. Desde dentro.


Comentarios
Publicar un comentario