¿Por qué princesas extraviadas?




Porque nunca en mi vida había visto dos palabras que contuviesen más valentía y fuerza que esas dos.

Porque a veces, hay que parar en seco, sin frenos, sin remedio y descansar.
Parar a quererse, a mirar con los ojos del corazón y del alma, a curar todas las heridas y ponerle su correspondiente tirita. A ser. A empezar a ser de nuevo.

No esperes tu día. No dejes que pase más tiempo. No valen las excusas, los peros, los 'y si' o dejar que pese más el miedo y la desconfianza.
Coge los pedazos que te queden de lo que eres y lleva recuerdos de lo que fuiste y una ligera idea de lo que quieres ser.
Preséntate allí con todas esas heridas, con historias sin contar, con ese dolor en el pecho que sabes, que no te deja respirar de vez en cuando. Y no lo muestres en los dos primeros besos si no quieres, pero cuando pongas los dos pies agarrada de las manos, déjate llevar.

Llega hasta allí, llega hasta ellas. Hazlo si por lo menos hay duda. Hazlo si hay miedo. Hazlo si hay desconcierto, dolor, pérdida incluso de ti misma.

No conocerás mejores brazos que los que te acunarán ese día. No conocerás sensación más purificante y renovadora. No habrá arrepentimiento.
Entre todo lo que podrás llevarte de allí, será una nueva tú.
Una nueva tú que no recordabas, incluso, que no conocías.

(Re)encuéntrate. Abraza esta oportunidad.

Nadie más que tú se la merece.

Comentarios

Entradas populares